El aprovechamiento de la energía geotérmica ha tenido muchos avances en los últimos años gracias a nuevas tecnologías que permiten usar mejor el calor del interior de la Tierra. Hoy en día existen tres tipos principales de uso: la geotermia de alta entalpía, que se utiliza para generar electricidad a partir de vapor con temperaturas entre 150 y 350 °C, alcanzando eficiencias del 10 al 20 % en plantas de ciclo seco y hasta 25 % en sistemas binarios [1]. También está la geotermia de media y baja entalpía (50–150 °C), que se usa en calefacción y climatización, y la geotermia somera, que funciona con bombas de calor que usan voltajes de 220–240 V y tienen un COP (coeficiente de rendimiento) entre 3,5 y 5, es decir, que por cada kilovatio de energía eléctrica consumido se obtienen entre 3 y 5 kilovatios térmicos [1].
En la actualidad, el estudio de la geotermia se enfoca en nuevas formas de exploración con sensores más precisos, modelado digital de los yacimientos y materiales que soportan altas temperaturas sin corroerse [2]. Una de las tecnologías más importantes es la geotermia mejorada (EGS), que permite aprovechar el calor de rocas secas con temperaturas superiores a 200 °C mediante la inyección de agua a presión, generando potencias entre 3 y 10 MW por pozo [3]. Estos avances, junto con sistemas automáticos de control y monitoreo remoto, han hecho que las plantas geotérmicas sean más seguras, eficientes y menos contaminantes, además de poder instalarse en más lugares del mundo [2][3].
Referencias
[1] J. W. Lund, Direct utilization of geothermal energy 2019 worldwide review. Reno: Geothermal Resources Council, 2019.
[2] R. DiPippo, Geothermal Power Plants: Principles, Applications, Case Studies and Environmental Impact. Oxford: Butterworth-Heinemann, 2016.
[3] R. Bertani, Geothermal Energy: Utilization and Technology. Pisa: ENEL Green Power, 2021.