La verdad, el sistema de freno de tambor me sigue pareciendo una obra maestra de la mecánica clásica. Aunque ya tiene más de un siglo desde que lo inventó Wilhelm Maybach, su funcionamiento sigue siendo súper ingenioso. Lo del autorreforzamiento es una locura: la zapata primaria se clava más fuerte al girar en el mismo sentido que el tambor, y por eso se lleva casi todo el trabajo de frenado. La secundaria, como va en contra del giro, frena menos.
Además, el tema del ajuste es clave. Hay sistemas manuales como el Girling o el Bendix, y otros automáticos con trinquetes que compensan el desgaste de los forros, que por cierto están hechos de una mezcla de fibras, minerales y algo de metal. Y si hablamos de configuraciones, el Simplex es el más básico, pero los Dúo-servo y Servofreno usan alojamientos flotantes para que ambas zapatas se ayuden entre sí, incluso frenando en reversa.Eso sí, no todo es color de rosa. Son más sensibles al calor, no se limpian solos como los de disco, y el rendimiento puede variar si cambia el coeficiente de fricción. Pero para ciertas aplicaciones y sobre todo por lo fácil que es integrar el freno de mano siguen siendo muy útiles.